La primera compañía que apostó por el proyecto fue Stant, instalada en la Fase 1 del desarrollo. En aquel momento, el enfoque estaba claramente orientado al sector automotriz, una tendencia natural en una región que se consolidaba como uno de los clústeres manufactureros más importantes del país.
Sin embargo, el parque entendió algo que muchos desarrollos industriales tardaron años en reconocer: la diversificación sería clave para sostener el crecimiento.
“Nos tocó una pandemia y empezó algo lento, pero ha sido un crecimiento bastante gradual y orgánico”, explicó Alberto Ocejo, bróker industrial para la zona Bajío del Polígono Empresarial San Miguel Allende.

Infraestructura
En un momento donde muchas regiones enfrentan limitaciones de energía, agua e infraestructura, el Polígono Empresarial San Miguel ha apostado por adelantarse a los problemas.
El parque cuenta actualmente con más de 50 hectáreas disponibles; una nueva instalación de 66 MVA; un sistema centralizado contra incendios; una planta tratadora de agua; pozos de agua propios, seguridad 24/7 e infraestructura totalmente urbanizada.
Disponibilidad
Actualmente existen naves industriales disponibles desde 4 mil hasta 17 mil metros cuadrados, bajo especificaciones Clase A y diseñadas para operaciones multitenant.
“Empresas de cualquier giro se pueden instalar en PESMA. Es un producto bastante versátil”, explicó el directivo.
























