En 2024, el intercambio comercial total de Partes y Accesorios de Vehículos Automotores —sumando exportaciones e importaciones— alcanzó los 75,432 millones de dólares, una cifra que deja clara la relevancia estratégica de esta industria para la economía mexicana.
Sin embargo, la verdadera pregunta no es si México es competitivo hoy, sino si podrá seguir siéndolo mañana. Y ante la próxima revisión del T-MEC aparece en el horizonte como un punto de inflexión. Las reglas de origen, los criterios de contenido regional y la trazabilidad ya no son trámites burocráticos: son condiciones de supervivencia. Para un país exportador como México —cuyo sector automotriz destina casi 9 de cada 10 envíos al exterior a Estados Unidos y Canadá—, perder eficiencia en el cumplimiento del acuerdo equivale a perder mercado.
En este escenario, los neumáticos ocupan un lugar más relevante del que suele reconocerse. El T-MEC los clasifica como autopartes principales, al mismo nivel que frenos o sistemas de escape. Esto los convierte en un insumo indispensable no solo para el funcionamiento y la seguridad vehicular, sino también para cumplir con estándares comerciales y regulatorios cada vez más estrictos.

La industria llantera
La industria de neumáticos en México se encuentra en una zona de tensión permanente. Por un lado, enfrenta el aumento en importaciones provenientes de Asia, que han ganado participación gracias a precios más bajos. Por otro, debe responder a un mercado que exige mayor calidad, certificaciones, trazabilidad y cumplimiento normativo.
Esta competencia desigual está obligando a fabricantes y distribuidores establecidos en México a replantear su operación: costos, logística, inventarios y, especialmente, financiamiento. Porque en el mundo real, la competitividad no depende solo de producir, sino de poder sostener el ritmo que exige una cadena global: tener inventario suficiente, invertir en certificaciones, asumir plazos de pago más largos y absorber volatilidad sin comprometer la operación.
Paulina Aguilar, cofundadora y CRO de MUNDI, advirtió que el problema no es menor: sin proveedores financieramente sólidos, la cadena automotriz se debilita desde adentro. Y sin esa base, cumplir reglas de origen, estándares internacionales y tiempos de entrega se convierte en una apuesta riesgosa. El financiamiento, entonces, deja de ser un recurso accesorio para convertirse en un habilitador estratégico.
En paralelo, el sector busca respuestas estructurales: fortalecer la proveeduría nacional. Las regiones productoras de hule natural —como Veracruz, Tabasco y Chiapas— emergen como una oportunidad para reducir dependencia de insumos importados, elevar el contenido regional y responder mejor a la integración automotriz del T-MEC.
La Cámara Nacional de la Industria Hulera (CNIH) ha señalado que esta ruta no es solo deseable, sino necesaria. Apostar por modernización, eficiencia operativa y cumplimiento ambiental es parte de la nueva fórmula: competitividad ya no significa producir más barato, sino producir mejor, más limpio, más rápido y con mayor integración regional.
Es por ello que se vuelve urgente fortalecer a los proveedores, especialmente a las PyMEs. Estas empresas son esenciales para la cadena, pero suelen operar con márgenes estrechos, limitada capacidad de inversión y vulnerabilidad frente a choques regulatorios o cambios de demanda. Son las primeras en resentir un incremento en costos logísticos, una extensión en plazos de cobro o la exigencia de nuevas certificaciones.
Norma Monroy, directora de Finanzas de Multillantas y Servicios Grimaldi, expresó que las llantas no son un producto más; son un componente de seguridad y cumplimiento regulatorio. Participar en la cadena automotriz implica invertir constantemente en inventarios, logística y certificaciones. Tener acceso oportuno al financiamiento puede marcar la diferencia entre crecer como proveedor estratégico o quedar fuera del juego.
Las PyMEs en el centro del reto: no basta con estar, hay que sostenerse
México puede seguir siendo hub automotriz, sí. Pero no por inercia. El nearshoring ha abierto oportunidades, pero también ha elevado la exigencia. Hoy no basta con estar cerca del mercado estadounidense: hay que ser confiable, trazable, competitivo y financieramente estable.
Y aquí el desafío se vuelve urgente: fortalecer a los proveedores, especialmente a las PyMEs. Estas empresas son esenciales para la cadena, pero suelen operar con márgenes estrechos, limitada capacidad de inversión y vulnerabilidad frente a choques regulatorios o cambios de demanda. Son las primeras en resentir un incremento en costos logísticos, una extensión en plazos de cobro o la exigencia de nuevas certificaciones.
Norma Monroy, directora de Finanzas de Multillantas y Servicios Grimaldi, expresó que las llantas no son un producto más; son un componente de seguridad y cumplimiento regulatorio. Participar en la cadena automotriz implica invertir constantemente en inventarios, logística y certificaciones. Tener acceso oportuno al financiamiento puede marcar la diferencia entre crecer como proveedor estratégico o quedar fuera del juego.



























